miércoles, enero 18, 2017

La batalla final

Esa noche estaba enardecido y mi corazón latía desenfrenado en medio de un orgullo lastimado.
La avenida trece está enfrente del colegio, es un gran terreno rodeado con un odioso muro de bloques que quisieron hacer amistoso con pinturas ludicas de paisajes campestres y niños botando su basura en canecas. A un costado había unos concesionarios de camperos y camiones al otro lado una bomba de gasolina. 

Supe donde estudiaba un día que pasábamos en bus en camino al concierto de Gloria Trevi. Desde ese instante aproveche cada instante para recorrer el barrio y descubrir la distancia que hay entre la Avenida de las Américas y la Avenida Quito. En mis caminatas reflexivas descubrí el numero de negocios de venta de tela, venta de juguetes, muebles de oficina, conocí el San Andresito del barrio y las tabernas. Varias veces pasé frente de "Sambos" y cada que vez miraba ese letrero descolorido lo identificaba como el símbolo de mi vergüenza a la vez que ponía en evidencia mi mente abierta al permitir tener novio a mi "amiga con derechos" (como lo llaman hoy) y ademas el logro intangible a parte de ser su amante oficial, también su confidente.

Esa noche estaba enardecido y mi corazón latía desenfrenado en medio de un orgullo lastimado porque sentía que tenia la obligación de defender la relación con la mujer que amaba.
Estaba plenamente informado; conocía su nombre, el de sus familiares, la dirección de su casa y la ubicación del negocio de bicicletas de su padre. Incómodamente había logrado una conexión con su mente y sus secretos eran el tema de conversación de los fines de semana. Lo envide por que en las narraciones de mi Lolita el joven era el maravilloso príncipe con el cual estudiaba bachillerato por las noches.

Ingresé a la institución educativa del distrito con un gran numero de personas que cursaban el bachillerato nocturno. Encontré un enorme estacionamiento donde pude dejar mi moto, recorrí el edificio y finalmente ingrese en el salón donde pude conocer al muchacho en medio de una clase de francés donde me toco responder unas preguntas del profesor...

...Al terminar la clase la niña se me acercó y amablemente me presentó como un amigo. Al final pude sentar en nuestra relación un precedente. Personalmente comprobé que mis conocimientos del bachillerato, que había concluido ya cuatro años atrás, están vigentes y por ultimo confirme que el joven no tenia ni idea de mi existencia y ademas que la lucha por el amor se había perdido y que esa sería la ultima batalla.

Por Luis Fernando Urrea Beltran

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