Disturbios al amanecer después del tamal, desarmamos los adoquines de los andenes para lanzarlos a los carros y a los policías. Olla comunitaria con el mercado del sindicato para soportar la espera de semanas en medio de la carretera. Quemamos llantas y lo que sea, atravesados en la vía, solo dejamos pasar ambulancias después de revisarlas.
Clases de cómo meter miedo
rompiendo los vidrios de los negocios y de las tiendas a nuestro paso. Comparar
apuntes de cómo se pinchan las ruedas de los camiones con un punzón
especialmente diseñado años de práctica.
Lo de las bombas molotov está
pasado de moda, pero compartimos la instrucción. Ahora tenemos mascarillas y
escudos para enfrentarnos a la policía: Cada vez que estamos más preparados
para detener el país.
Motivos no faltan; los mercaderes
de la muerte están en todos los gobiernos. En mi patria los depredadores de
corbatas nos rodean: sus frases complicadas nos molestan el estómago, sus
planes de crecimiento nos perdura a la mente. Todos los métodos de superación
personal y cursos de emprendimiento nos parecen vanos. ¿para qué tanta mierda
si es que estamos felices compartiéndolo todo. Hacemos una fila para comer, no
necesitamos más dinero para efectos de vivir; somos una tribu que viaja de
ciudad en ciudad con todo lo que tenemos en el mundo en una maleta. Dormimos en
una silla de una flota o en el cambuche a la orilla de la carretera o en un
parque invadido por la protesta.
Al amanecer mientras no llueva
podemos caminar recorriendo las vías del Transmilenio o las entradas a la
ciudad más transitadas para exigir lo que toque: qué sé yo: salud, educación o
por la naturaleza. Esta vez en contra del “fracking” o de la comida transgénica.
También en contra de los de la corrida de los toros o también encontrar la
fumigación del glifosato.
Esta semana defenderemos al
presidente progresista de un posible secuestro por los gringos. Nos acompaña a
la juventud comunista ellos nos regalan camisetas, nos enseñaron nuevas arengas
y vamos en camino de la noche. Estoy tomándole cariño a esta vida que la conocí
gracias a la educación paralela de las universidades públicas. Yo la encontrar
en la Pedagógica.
Una nueva cicatriz tengo en mi
cráneo voy a tener una marca de guerra. Estamos saliendo del hospital con
puntadas y yesos; nos llevan a una en una tanqueta a la cárcel por 72 horas. Hoy
mi lucha fue fructífera más hoy los organizadores me pagaron 170 mil.
Un tío me va a recoger en la
estación de policía en la mañana y de nuevo volveré al punto de encuentro para
prepararnos para el siguiente caos.
Ficción
Autor Luis Fernando Urrea Beltrán
Gracias por leer, opinar y compartir

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Recuerda que es importante el respeto, te agradecemos tus ideas y comentarios.