miércoles, febrero 15, 2017

Beso bajo el rocío


Nos metimos en un callejón..  y nuestros labios se encontraron calientes.

El amor juvenil es una poderosa fuente de emociones que viajan desde la depresión autodestructiva a un poderoso impulso vigorizado; motor para el reto de la vida.  Aunque hace años nos separamos y para mi fue un suceso muy triste, hoy me queda la alegría de los mejores momentos y la enseñanza de los tristes.

Esa tarde solo éramos los dos en Bogotá, caminando por las calles de la ciudad en medio de la personas.    Aunque la pasábamos muy bien juntos sabíamos que algún día todo tenía que terminar. Lo sabia por parte de ella porque sus palabras y otras evidencias indicaban que andaba  con alguien más. Y saberlo me dolía pero a la vez tenía consciencia de que a mis 18 años yo quería conocer más mujeres, lo que me servía como somnífero a mi ego tocado.


No lo dijimos pero era la despedida. Mientras caminamos no soltó mi mano y al empezar a caer las heladas débiles gotitas en nuestras caras me apretó aun mas y arrancamos a correr. Nos metimos en un callejón para apostar nuestros cuerpos contra un muro apenas protegido con una corta teja de barro. El gua fría nos cubría el rostro y se colaba por las ropas generándonos escalofríos fáciles de confundir con las agonías del deseo y nuestros labios se encontraron calientes. Nunca podré olvidar la alegría de su lengua, el calor de sus mejillas y lo inquietas sus manos dentro de mi pantalón.  No recuerdo su primer beso, pero nunca olvido el último.

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