jueves, diciembre 26, 2013

DESECHABLES



En Colombia mas que desechables tenemos desechados y asechados.


Los desechables llegaron a nuestra sociedad como un elemento nuevo que identificaba el siglo XX de los otros, por la marcada tendencia al consumismo definida por la división del trabajo, heredada de la revolución industrial que dejaba atrás el feudalismo y da paso al capitalismo.
Los desechables vieron el mundo en forma de vasos, platos, cucharas, cuchillos y pañales. En la era espacial los conocemos en materiales de plástico e icopor, que nos son otra cosa que subproductos del petróleo. Llegaron como una bendición para las tiendas de comida rápida, las piñatas y las nuevas madres ejecutivas que no tienen tiempo de ponerse a lavar cagados.

En esos días se pone de moda el “estándar” como termino que se impone en la guerra cuando se inauguran las fabricas más grandes de armas en Estados Unidos. En esos días salen aviones, barcos, ametralladoras cuyo carácter desechable obliga al gobierno de la época a buscar proveedores más baratos, inicia a tomar fuerza el reciclaje. A su vez y sin tener en cuenta, claro, que por su carácter de prescindibles los soldados que veían salir a sus amigos en bolsas plásticas se sentían desechables.
Los desechables como la hoja del Tamal y de los Envueltos en nuestro país tienen un valor ecológico por ser parte de la naturaleza, cierto que no revolucionan la industria pero generan empleo y hacen pintoresco los domingos en Monserrate, principal símbolo de la cultura de la antigua Bogotá. Ciudad que en los últimos cincuenta años es punto de llegada de mercaderes, soñadores, delincuentes, perseguidos y asustados.

Todos buscadores del sueño bogotano, que no es otro que el que buscan todos los nacionales en todas las ciudades principales. Donde siempre converge la esperanza pero también la desilusión. A estas capitales llegan los arrepentidos que fueron parte de grupo generadores de violencia. Insertados estos muchachos que después de negar y atacar a la sociedad retornan a ella arrepentidos y reciben apoyo por medio con una cuota mensual que les permite ser parte del proceso de paz desmovilizados con una cerveza en la mano viendo la televisión pero que tienen la oportunidad de reinsertarse a la vida delincuencia si el gobierno no le llega a pagar.

Todos los desplazados se apeñuscan en las ciudades donde aprietan con sus angustias los cinturones de miseria y ponen a saltar matones a los gobiernos locales y nacionales.
Los otros que se desplazan por las fronteras son los refugiados y en Colombia mas que desechables tenemos desechados y asechados como algunos periodistas que podemos llamar desterrados.
Familias enteras bajo la intemperie de un sadismo que parece medieval, como el periodo histórico europeo donde la mendicidad era evidencia de locura y la locura pecado o enfermedad, que se trataba con la sangría (no de licor) y el látigo, que merecía el encierro y la misericordia del estado o el repudio de los individuos con el privilegio de la razón.

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